Apreté mis puños, era débil. Soy débil. Mi felicidad jamás dependería de un chico pero el ayudaba a que fuese feliz, no éramos perfectos y tampoco quería que lo fuéramos. Eramos solo el y yo contra nuestras imperfecciones.
Quería llamarlo y decirle que todo era un malentendido, que jamás podía lastimarlo porque lastimarlo era como lastimarme a mi.
No podía mas, lloraba mientras caminaba y la gente me veía extraño. Algunos me veían con rostro triste como entendieran mi dolor, sonreí agradecida ante su preocupación.
Sentí un nudo en el estomago, algo no estaba bien y jamás lo estaría. Pensé que quería vomitar pero no era eso, lo que me faltaba era él.
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