sábado, 1 de marzo de 2014

(El invierno éramos nosotros)

Y entonces nos dimos cuenta de que el invierno no eran los tres grados que hacían ahí fuera. El invierno no era la lluvia o el frío...o salir bien tapado a la calle. Entonces, nos dimos cuenta, tarde, de que el invierno éramos nosotros. Nuestras cicatrices, esas que nos alejaban de las personas cuando alguien se nos acercaba. Y es que, no sé si me entiendes, éramos nosotros mismos los que provocamos la tormenta, el naufragio. El invierno eran nuestros ojos, llenos de nostalgia, y las lágrimas, que nos caían por dentro, porque hace tiempo que habíamos aprendido a llorar sin derramar ninguna. El invierno eran kilómetros, la distancia. El orgullo, que quizás separaba más que cualquier cosa. El invierno eran nuestras ojeras, llenas de noches frías, sin poder dormir, pensando en la persona que nos roba el sueño, pero con la que nos gustaría soñar. El invierno era despertarse y ver media cama vacía, porque tú no estabas. No estamos. El invierno, era la soledad. La sensación de estar llegando tarde, una vez más. El invierno, corazón, es estar sin ti, sin nosotros. Y ojalá, algún día, vuelva la primavera a nuestras vidas, o quizás, quien sabe, el verano. Ojalá vuelva el calor, el contacto de nuestros cuerpos o nuestras bocas juntas. Ojalá, algún día, no muy tarde, superemos los kilómetros de nuevo y entonces, pueda volver a salir el sol.

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