martes, 4 de marzo de 2014

(Pero hace tiempo que no tienes motivos suficientes para levantarte.)

Y te despiertas un día más, pero hace tiempo que no tienes motivos suficientes para levantarte. Es la hora de comer, pero la casa está sola, como tú desde hace tiempo. Echas de menos su voz, sus tonterías, sus mensajes por sorpresa o hasta cuando se quemaba con el café por las mañanas porque siempre iba con prisa. No tienes ganas de ponerte a cocinar, ni de comer, sólo quieres llorar, sólo quieres que vuelva… o quizás sólo quieres volver a sonreír, sonreír de verdad, como hace tiempo que no lo haces. Y te das cuenta de que ha pasado el tiempo, pero no has sabido superarlo, aún no has podido aceptar que la historia ha terminado… “Ojalá estuviese aquí”, piensas. Te das cuenta, tarde, de que hay oportunidades que sólo pasan una vez en la vida y de que, si no valoras lo que tienes, quizás tengas que lamentarlo siempre. “Ojalá hubiera hecho las cosas cosas bien” dices ahora. Y es que hace tiempo que no brillas, que tus ojos no logran apagar un poquito el mundo. Quizás te has olvidado de lo bonito que es sonreír por alguien o de lo que era ser feliz. O, quizás, piensas mientras se te cae una lagrima, todavía no estás capacitada para superar algunas pérdidas, quien sabe. Corres cada vez que suena el teléfono con la esperanza de volver a escuchar su voz al otro lado. Miras todos los días el buzón esperando una carta, una nota que al menos te diga que las cosas le van bien. Esperas que un día… tarde o temprano, acabe el interminable invierno en el que se ha convertido tu vida.

No hay comentarios:

Publicar un comentario