Los días pasaban desde la última vez que hablé con él, a decir verdad le echaba de menos, era la única persona que me hacia olvidarme de todos mis problemas, que me hacía sentir bien. Él siempre había estado a mi lado, tanto en las buenas como en las malas, y ahora, nos tratamos como completos desconocidos, ni una mirada, ni una palabra, nada. Es gracioso ver como en segundos todo puede cambiar. Supongo que, quizás, el destino quiso que pasara lo que pasó aquel día y que ninguno de nosotros puede cambiarlo. Pero ahora, mírame aquí sola, sin nadie en el que poder confiar, en el que poder apoyarte o contarle tus problemas, estás sola, bueno quizás sola no sea la palabra correcta, más bien rota. Aunque dicen que lo peor no es cuando estás rota, sino cuando eres consciente de ello.
Llegué a casa como siempre fingiendo estar bien para no darle explicaciones de nada a nadie, hoy no, pero esta vez iba a ser diferente. Subí las escaleras hacia la habitación, mi madre hoy estaba rara, no hacía sus típicas preguntas sobre que tal me iba en el colegio, los exámenes etc... Al entrar en la habitación lo primero que vi fue la carta que había dejado para mí. Él había estado aquí, podía sentirlo,sabía perfectamente como era su aroma, su forma de actuar, todo, había sido él, y no puedo decir que no me alegrara de ello. Cogí entusiasmada la carta, pensé que desde aquel día no querría volver a saber nada de mí, la verdad es que lo entendía; entendía que quisiera olvidarse completamente de mí, pero el hecho de saberlo creo que era lo que más me dolía, la abrí cuidadosamente y la saqué de aquel precioso sobre color turquesa. Quizás prefería el hecho de que me tratara como una extraña a esta dolorosa carta, no era todo lo que yo me esperaba, tantas veces me había ayudado, me había visto llorar, para luego esto, para que luego se fuera tan lejos…. Atlanta, a nada más y nada menos que a Atlanta prefería no haber abierto esa carta, todas y cada una de las palabras eran perfectas hasta que de repente llegaron esas palabras que se repitieron una vez tras otra en mi cabeza….
¿Sabes? Creo que la distancia no es más que ese miedo a estar juntos, a destrozarnos las vidas …Ha pasado tanto tiempo y le echo tanto de menos como el primer día, creo que más que quererle le amaba. Y mírame aquí estoy ahora llorando como una tonta recordando todas y cada una de esas conversaciones, esas sonrisas y esas palabras que me decía cada día… y creo que lo seguiré recordando todos los días de mi vida…
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